Solo un domingo

Había terminado mi comida en ese restaurante de espacios reducidos, segui sentado en el balcón y podía ver por en medio del árbol que se erguía desde el suelo con sus amplias ramas que alcanzaban a meterse por los ventanales que daban a la calle, el golpeteo de los cubiertos contra los platos y los pasos de los comensales y meseros hacían ese vacío que invitaba a reflexionar acerca de los muchos hombres con sus familias, las mujeres y la vida que alla afuera se desenvolvía. Una vez más estaba ante aquel escenario que solo se podía entender si cruzaba la calle, un sentimiento de duda inundo mi alma y quise ver. Sin más tiempo que perder pedí la cuenta, ansioso por meterme en aquel mundo extraño, pense desde este lado de la calle que estando del otro lado seria más fácil entenderlo y más si quieres meterte en los pequeños cosmos que tiene cada persona. Después de pagar y con el murmuro de las platicas cruzadas que solo hacían que la concentración de aquel día de reflexión que estaba por comenzar lo hicieran mas complicado. Solo tenia mi atención del otro lado de la calle, el ruido que dejaban los carros al pasar por las calles adoquinadas daba el ambiente perfecto de aquella plaza que muchos dicen que es la mas grande de América Latina, sin embargo como saber si no he estado en otras que sean así de grandes o así de chicas. Y el ambiente que siempre acompaña es poder identificar las risas a la distancia, las familias conviviendo, aunque particularmente el día era uno de esos fríos donde el aire es mas denso, rápidamente podías sentir como la piel se iba endureciendo, la sonrisa es mas difícil de mostrarla no por estar enojado sino porque estas mas tenso sintiendo el frío. Podía identificar que a todos nos tomo por sorpresa ese cambio de temperatura, después de subir por los escalones y entrar a ese espacio cívico donde no había ni columna ni árbol alguno para que tapara el viento helado, pero mas significativamente eran los gritos de los vendedores ambulantes, “papas fritas”, mientras otro al lado del paso peatonal vendía algodón de azúcar y manzanas cubiertas de caramelo, se entendía que su forma de vender no era la común, podía ver como el frío también lo había sorprendido, con una voz mas temblorosa pero sin decaer su animo. Aquel vendedor que de pronto apareció, un pequeño que solo traía una rosa, rechoncho se quedo enfrente y con mirada que podía interpretarse de sufrimiento al tener frío. No tenía mayor argumento que decir “una rosa”, pero no entendía muy bien si era para vender o para regalar, aunque lo segundo en aquel mundo de lucha diaria no daba para ser real.

Con las manos entumidas luchaba para que el frío no fuera mas fuerte que yo, trataba de caminar mas rápido pero tampoco hacia efecto, las risas a los lados y las platicas cruzadas de las personas que por ahí pasaban solo me dejaban ver que no era el único, todos tenían tono entre cortado como titiritando de frío. El sol se estaba poniendo y ya no era consuelo para los que pobremente solo salieron con una playera. Al seguir caminando me encontré con aquel show que se acompañaba de música clásica, algún allegro disponía el fondo de aquel show que invitaba pero al mismo tiempo desalentaba a ser visto, sobretodo por el atuendo de aquellos 2 comediantes que por su figura delgados y larguiruchos, solo portaban una playera de esas interiores negras hasta daba frío solo de verlo, me acerque un poco mas y observe que en medio tenían un maletín que tal vez era donde sacaban todos su elementos del show, cada paso que daba hacia que el viento fuera amainando y al meterme entre la multitud pude cubrirme un poco del viento, la sensación de bienestar y calor uniformemente me fue cubriendo. Aunque no pude quedarme mas tiempo. Al seguir caminando entre los pasadizos de aquel lugar, entre jardines que llenaban de verde y su flores que los bordeaban dejaban ver el contraste de los rojos de las flores y su pasto verde, pequeños cuadros que adornaban aquel lugar, donde las personas descansaban en sus bancas, algunos tratando de acurrucarse contra sus parejas y así conservar el calor, mientras otros solo caminaban mas aprisa para vencer esa sensación. Llegue a la fuente que adornaba el centro, el estruendo del agua hacia que la confusión y la sensación fría se incrementara, una fuente con su efigie de Poseidón cabalgando con sus caballos con cola de pescado, al lado de las Nereidas que lo acompañaban. Las cámaras fotográficas no podían faltar como música de fondo con su “clickeo” de los visitantes que se querían llevar una impresión de aquella estatua. Al tiempo en que dejaba aquella parte de la plaza del otro lado de la calle los aplausos hicieron que mi atención girara en esa dirección, el show había terminado y el alimento de los artistas llenaron el vacío, algunos gritaban al parecer les dejo un buen sabor de boca, el día parecía acabar pero las campanadas que repiqueteaban en la catedral daban cuenta de la ultima misa que se iba a ofrecer, toda la sinfonía se mezclaba entre aplausos, campanadas, carros que pasaban por los lados, el taconeo aprisa de los visitantes y hasta el niño llorando fueron los que al fin me daban esa respuesta, miles de historias sin contar, todos haciendo parte de una historia que ni siquiera se daban cuenta que la estaban contando, los atuendos de domingo, el cielo azul que se apagaba de a poco, los árboles que se mecían con el viento que llegaba desde el norte, el golpeteo de las ramas y sus hojas, el “bip” de los semáforos anunciando que se puede pasar. Todo una vez se conjuga para anunciar que la vida continúa y aunque queramos entender el engranaje de la vida que ahí pasa solo seremos sus observadores, captando y entendiendo su comportamiento.

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